El conocimiento del tipo que llamamos conocimiento directo, es completamente más complejo que cualquier conocimiento de las verdades, y depende lógicamente del conocimiento de las verdades, puesto que sería precipitado asumir que los seres humanos nunca tenemos, de hecho, conocimiento directo de las cosas sin al mismo tiempo conocer alguna verdad sobre ellas
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Para llegar a conocer algo sobre la mesa, no es necesario conocer las supuestas verdades que la conectan con las cosas con las que estamos familiarizados: podríamos saber que “tales y cuales informaciones sensoriales son causadas por un objeto físico” ,pero solo podemos conocer la idea de la cual estamos directamente conscientes de la mesa; todo nuestro conocimiento de la mesa es realmente conocimiento ideal, y la mesa sí no es, hablando metafóricamente, infinitamente conocida por nosotros.
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el conocimiento directo a través de la introspección es La primera extensión más allá de las informaciones psicológicas a ser considerada. […] Este conocimiento oculto al que sólo llegamos a través de la introspección es la fuente de todo nuestro conocimiento pues Nosotros no sólo estamos conscientes de las cosas, sino que muy seguido estamos conscientes de haber estado conscientes de ellas, es decir del pasado.
El conocimiento directo a través de la memoria es la segunda extensión a ser considerada, pues sin ella no habría conocimiento del pasado por inferencia, ya que nosotros nunca sabríamos que hubo algún pasado que se pudiera inferir. Así pues, cuando me acuerdo del sol, estoy a me-nudo consciente de la memoria que tengo del sol; entonces “el acto de estar viendo el sol” es un objeto con el que tengo un conocimiento directo.
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Exactamente igual a hablar de conocimiento directo de las cosas particulares existentes, es hablar del conocimiento directo de lo que los filósofos han llegado a denominar universales, es decir, las ideas generales como la blancura, la diversidad, la hermandad, y las demás. Ningún enunciado verificable debe contener siquiera una palabra que sea un universal, ya que todos los substantivos tienen de por si un significado que es universal […] debemos protegernos contra la suposición de que lo que podemos percatarnos debe ser algo universal y abstracto. Reflexionar sobre los universales lo que llamamos referir, y estar consciente de un universal es lo llamamos consciencia.
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Es imposible afirmar que un objeto es “conocido por descripción” pues cuando decimos de un objeto x que es “el tal-y-cual”, suponemos que conocemos que x es un objeto, y no más, que tiene cierta propiedad pero eso no es así ya que particularmente en realidad no tenemos conocimiento directo del objeto. […]cuando suponemos de forma ideal que un objeto es el tal-y-cual, en realidad no sabemos que el tal-y-cual existe; entonces nunca podemos saber que el tal-y-cual existe cuando no hemos estado en relación con algún objeto que sepamos que es el tal-y-cual, e inclusive cuando no hemos estado en relación con ningún objeto que, de hecho, sea el tal-y-cual.
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Es imposible establecer una jerarquía en el ámbito de los universales así como la hay en el ámbito de los particulares. Muchos particulares, como personas y objetos, sólo nos pueden ser dados a conocer directamente. Pero aquí, a diferencia del caso de los particulares, el conocimiento con respecto a lo que es conocido directamente es absolutamente irreductible al conocimiento relativo a lo que es conocido directamente.
El primordial error en el análisis de las proposiciones que contengan descripciones es dar por sentado que toda proposición que podamos entender debe estar compuesta completamente por los constituyentes con que estemos directamente relacionados.
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Uno de los defectos que tiene el conocimiento por descripción es que nos impide ir más allá de los límites de nuestra experiencia subjetiva. En realidad debemos admitir el hecho de que nosotros podemos sólo conocer las verdades que están completamente compuestas de los términos que hemos experimentado por conocimiento directo, pero es un error suponer que también podemos obtener conocimiento por descripción de cosas que nunca hemos experimentado.
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Es no solo fácil sino muy sencillo encontrar una prueba empírica observable con la cual juzgar si una creencia de este tipo es razonable o no, incluso sabemos muy bien que podemos averiguar que tipo de experimentaciones controladas serán suficientes, y si resultan verdaderas, se puede justificar el juicio de que el sol saldrá mañana y muchos otros juicios similares sobre los que se basan nuestras acciones.
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Difícilmente contamos con mejores certezas del pasado a favor de las leyes del movimiento que las que tenemos a favor de la salida del sol, porque la salida del sol es un caso observable para cualquier ser humano que confirma las leyes del movimiento, así como muchos otros casos observables que también confirman las mismas leyes. Sería muy insensato formular una pregunta como: ¿Hay en el pasado algún número de casos en los que se confirme la ley que aporte suficiente evidencia que confirme que ésta seguirá operando en cualquier momento?
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No hablaremos de de los errores que nacen de tales expectativas, aunque es cierto que éstas existen. La simple idea de que algo haya ocurrido una cierta cantidad de veces causa que los hombres y los animales desconfíen que ese hecho vuelva a suceder. Luego, nuestros instintos nos inducen erróneamente la creencia de que el sol saldrá mañana, pero no tendremos una mejor posición comparada con la de la jirafa que súbitamente tiene el cuello torcido.
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Afirman los filósofos que existe una razón para pensar que el futuro será similar al pasado, basados en el hecho de que lo que fue futuro ha mudado en pasado, y constantemente se ha encontrado que es equivalente al pasado, así que realmente tenemos experiencia del futuro, es decir de tiempos que fueron futuros, que podríamos denominar pasados futuros. Sin embargo, tal argumento objetivamente demanda que se le aplique la misma interrogación. Tenemos experiencia de los pasados futuros, mas no de los futuros por venir
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estamos examinando la idea que bien podría denominarse principio de la inducción, y sus dos partes pueden ser expuestas como sigue:
a) Cuanto más elevado sea el número de casos en que una cosa del tipo A haya sido localizada en compañía con una cosa del tipo B, es más probable que A esté siempre asociada a B;
b) Bajo las mismas circunstancias, un número de casos de asociación suficientes de A con B harán casi certero que A esté siempre asociada con B, y harán que esta ley general se acerque a la certeza de forma ilimitada
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Teniendo en cuenta que cuando la ley general es falsa, el caso en particular también debe ser falso, se deduce que la comprobación de la ley general es incontestablemente más evidente que la comprobación en un caso en particular, mientras que el caso en particular puede ser cierto sin que la ley general lo sea.
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Ninguno de los casos que antes se han examinado permite concluir certeramente que la experiencia pueda confirmar el principio de inducción, sin embargo, en relación con otros casos que no se han examinado, es sólo el principio de inducción lo que puede justificar cualquier inferencia de lo que se ha examinado con lo que no se ha examinado
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Cuestiones tales como la creencia en el reino de la ley o la creencia de que cada evento debe tener una causa son supuestos particulares de la ciencia y en ese sentido son independientes del principio de inducción pero a la vez hacen parte de las creencias de la vida diaria. Todos esos principios genera-les son creídos porque la humanidad ha encontrado innumerables casos que confirman su verdad y ningún caso de su falsedad. Toda evidencia comprobada hace posible por lo tanto su validez en el futuro, debido a que el principio inductivo funciona en la ciencia empírica.
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Lecturas, actividades, actitudes, nexos, interacciones para orientar la actividad filosófica de nuestro curso...
lunes, 4 de junio de 2012
“Los problemas de la filosofía” caps. 5 y 6 Afirmaciones para corregir.
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